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La Biblia nos dice:  como es Dios, como somos nosotros y como podemos estar bien con Dios.

Como es Dios

La Biblia habla de Dios y su poder, su sabiduría, su bondad, su misericordia, su bendición para unos y el castigo que reserva para otros. Hay un aspecto del caracter de Dios que influye en todo lo demás de su manera de ser y en lo que hace. El Dios de la Biblia es un Dios de pureza. A veces a esa pureza le llamamos ‘santidad’. Pero la idea es que Dios es moralmente puro en lo que es y en lo que hace. El uno proclamaba al otro diciendo: –­Santo, santo, santo es Jehovah de los Ejércitos! ­Toda la tierra está llena de su gloria! (Isaías 6:3). Ni en sus pensamientos ni en sus palabras ni en sus hechos ni en sus motivos exista una pizca de maldad, de doblez. Por eso siempre es y hace lo que es puro y santo.  Toda buena dádiva y todo don perfecto proviene de lo alto y desciende del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de variación (Santiago 1:17). Por ser un Dios así, el siempre hace el bien, siempre tiene los motivos puros, siempre dice la verdad y cumple lo que dice. Es el cuadro que la Biblia nos pinta de Dios. Por ser un Dios así, podemos confiar en El.  Por eso, nuestro corazón se alegra en él, porque en su santo nombre hemos confiado. (Salmo 33:21)

Por ser puro, Dios es justo y no puede pasar por alto las faltas. El ha establecido una ley pura y el trata a todos por igual. Cuando hay una falta, tiene que haber un castigo que satisfaga la pureza de Dios que guía su justicia. Excepciones no hay: cada pecado, cada falta, cada rebelión, cada palabra obscena, cada robo, cada mentira, cada desobediencia, cada pensamiento egoista, cada explosión de enojo – todos y cada uno se merece el castigo de Dios.

Por ser un Dios puro y santo, Dios requiere la pureza en nosotros. Dios le dijo a Moisés, “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: ‘Sean santos, porque yo, Jehovah su Dios, soy santo.” (Levítico 19:2) Pedro citó el mismo pasaje al llamar a los que son de Jesús a vivir vidas puras.  Antes bien, así como aquel que los ha llamado es santo, también sean santos Ustedes en todo aspecto de su manera de vivir, porque escrito está: Sean santos, porque yo soy santo. (1 Pedro 1:15,16). Los que pueden ser parte del reino de Dios tienen que ser puros porque el Rey es puro.

Como somos nosotros

Todos nosotros somos como cosa impura, y todas nuestras obras justas son como trapo de inmundicia. Todos nosotros nos hemos marchitado como hojas, y nuestras iniquidades nos han llevado como el viento (Isaías 64:6). Ante un Dios puro, somos impuros. Todos hemos fallado. Todos hemos pecado. La Biblia nos dice que estamos mal.  Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino (Isaías 53:6). Por naturaleza, Usted no busca a Dios sino Usted corre por otro lado como una oveja rebelde, a propósito haciendo lo suyo. Soy igual.

Por ser así, quedamos bajo el juicio de Dios, no por ser él un Dios vengativo sino por ser nosotros desobedientes. Es mi pecado que me aparta de un Dios puro.

Mi deber es siempre hacer el bien. Si mentiera una vez ayer, no quitaría esa mentira de ayer al decir la verdad cinco veces hoy. Así, solo no puedo quitarme la culpa del pecado que he hecho.

Como podemos estar bien con Dios

Dios es también un Dios de amor.

El nos amó aún siendo nosotros rebeldes, dándole la espalda. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom 5:8).

El nos amó tanto que el Señor Jesús murió en nuestro lugar. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).

Jesús murió pagando el castigo de nuestro pecado para que Dios nos pueda perdonar los pecados y restaurarnos a la comunión con el. El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero a fin de que nosotros, habiendo muerto para los pecados, vivamos para la justicia. Por sus heridas Ustedes han sido sanados.  Porque eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas. (1 Pedro 2:24, 25)

Jesús murió para que podamos ser parte del reino de Dios, en el cuál el Señor Jesús es Rey de Reyes.  Con gozo damos gracias al Padre que os hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz. El nos ha librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado,en quien tenemos redención, el perdón de los pecados (Colosenses 1:12-14).

Puedo estar bien con Dios, puedo ser perdonado y restaurado a la comunión con él, solo por lo que Jesús hizo por mí al morir en la cruz (pagando el castigo de mi pecado y cancelando mi deuda con Dios) y al resucitar de entre los muertos (dando evidencia que su muerte fue suficiente y haciendo posible que el me dé vida a mí, también). Es por lo que Jesús hizo que Usted puede estar bien con Dios, con los pecados perdonados y restaurado a la comunión con Dios.

Pero Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ­Por gracia son salvos! Y juntamente con Cristo Jesús, nos resucitó y nos hizo sentar en los lugares celestiales, para mostrar en las edades venideras las superabundantes riquezas de su gracia, por su bondad hacia nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de Ustedes, pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:4-9).

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